15 julio 2009

Un jocker en mi


Siempre e sentido en mi alma habitar dos cuerpos, uno viviente y uno espiritual vagando por el mundo en busca de algo sin saber qué. Esta noche es distinta -dije. La luna esta en su fase menguante, por cierto, más hermosa que nunca, con un color deslumbrante anaranjado muy cercano, escondido entre las ramas de los árboles de otoño y decorada de las deslumbrantes estrellas entre un oscuro cielo mágico. Hasta parecía ver a un bufón posada en ella, admirando la belleza de la luna desde cerca, pero algo distinto veía en aquel bufón, tenía un aspecto inicuo y malvado, más bien parecidos a los “Jocker” aquellos que aparecen en las cartas inglesas. Veía en él una atracción y admiración hacia la dotada hermosura de la luna, la apreció durante horas, decidí irme a casa ya era tarde y no tenía nada que hacer en aquel lugar, pero me detuve a mirar por ultima vez ese extraño ser, que por razones inexplicables en mí no despertó curiosidad, más bien extrañes, pero ya no estaba, quizás fue parte de mi imaginación- pensé, la verdad es que tuve un día muy agotador y siempre imagino cosas, así que entre a casa y me fui a dormir. En el sueño de aquella noche, aquel “Jocker” era yo, estaba divulgando por los oscuros y fríos bosques del otoño, saltando y riendo sin motivo alguno, veía a algunos “borrachines” que por diversión asustaba, me sumergí entre un bosque y me detuve a ver las estrellas, estaban más deslumbrantes que nunca y resaltaban con el oscuro cielo que en su centro lo adornaba una extraña forma, muy peculiar por cierto, me sentía atraído y admirado por ello, me posé en una de sus puntas y me puse a mirarla, creo haber estado unas horas observándola, sin dame cuenta, quité mi vista de ella y me detuve a observar donde estaba, en el cielo, sentado en la punta de la luna menguante adornado de estrellas radiantes, miro hacia abajo y alguien muy lejano a mi me observa con extrañes, me sentí incómodo y ridículo, ella se quiso retirar e irse a su casa y antes de que se arrepintiera y volteara huí por entre las mismas ramas de los árboles de donde salí. En seguida desperté de aquel sueño, por cierto, tan real que hasta sentí la fría pero a la vez refrescante brisa del viento del anochecer que rozaba por mi rostro, también la rugosa y áspera corteza del árbol que en aquel personaje le gustaba deambular, y la luz, esa luz única que me cautivó e hipnotizó haciéndome una persona sin la capacidad de pensar ni razonar, más bien sólo actuar y que hizo lo que nadie a podido hacer conmigo, dominar.

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