
Una lagrima negra y fría sentí pasar por mi corazón, esta se fue deslizando hasta tocar mi estómago y cuando la tocó sentí como se desvaneció, al despertar me fui a mirar al espejo, me vi llorar desconsoladamente sin saber porque, tapé mi rostro con mis manos y luego de unos minutos al tranquilizarme me las quité, vi mis manos empañadas con tinta negra, me paré y me vi en el espejo y noté como mis lagrimas eran negras y frías, luego me di cuenta que no solo mis lagrimas eran negras, sino mi vestimenta completa se había transformado, usaba un vestido negro y largo, realmente no comprendía nada. Desconcertada corrí para salir de casa y me encontré con una sorpresa… no había nada, absolutamente nada, sólo un paisaje ampliamente árido y solitario, pero había algo que me llamó la atención, un árbol seco estaba en el centro de él y le quedaban sólo tres hojas; me quede observándolo por unos minutos pero luego decidí seguir mi camino para descubrir donde estaba, seguí caminando y me encontré con una grieta tan enorme que pareciera que separase la tierra en dos, me detuve por unos minutos, alcé mi mirada al frente y una brisa de viento cálido y a la vez reconfortante me impulsó a cruzar, pero antes me detuve a mirar aquel árbol, me di cuenta que en él sólo quedaba una hoja, luego de eso crucé la grieta dando un gran salto al tocar el piso del otro lado, incomprensiblemente de la tierra empezó a brotar pasto, flores, árboles y nació vida en él, ya no era un desierto sino más que eso un paraíso, todo era maravillosamente mágico y hermoso, me detuve a mirar el árbol del otro lado de la grita y este sorprendentemente en medio del desierto tenía más vida que nunca era floreado y hermoso, me vi y mi ropa era hermosa, colorida, llena de vida y mis lagrimas volvieron a ser cristalinas, podía sonreír; desperté y no comprendía nada, me parecía todo tan real, cerré mis ojos y no conseguí volver al sueño, entonces rápidamente me levante y fui al baño, intente imitar lo de mi sueño pero no ocurrió nada. Estuve pensando en aquel sueño todo el día, al caer la noche me puse mi pijama, pero como siempre revisé mis bolsillos pero esta vez sentí algo diferente, frío y áspero, lo saqué de mi bolsillo y al abrir mi mano mi corazón empezó a latir con miedo, asombro y desconcierto, todo a la misma vez, era la última hoja muerta y seca del árbol de mi sueño….
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